Las autoridades locales se encargan de velar por el entorno natural de la playa, acordonando una zona protegida en las dunas y estableciendo restricciones urbanísticas. El acceso a la playa se realiza a través de una pasarela de madera, por lo que la fauna autóctona puede seguir campando a sus anchas en su hábitat natural. Concretamente, las tortugas carey, en grave peligro de extinción, utilizan la playa como zona de desove. Las zonas donde estos fascinantes reptiles marinos depositan sus huevos están sujetas a estrictas medidas medioambientales y son supervisadas por personal cualificado que controla el tamaño de la población de tortugas.


